lunes, 20 de septiembre de 2010

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Anoche, cominé hasta perderme lejos.
Miré atrás y ya no habia nada.
Frente a mi, se extendia ampliamente
un páramo desnudo, desnudo como yo.
Sentí miedo, miedo de seguir
Miedo de no poder encontrar el camino de retorno.
Cobarde. Siempre cobarde
Mis dedos, mientras, se hundían en la hierba,
un paso más y estaría tan lejos
que nadie me iba a poder alcanzar...
Me hice valiente y di un paso y otro.
Corrí y grité
Solté mi cabello y sentí
que ya no era quien era
y que no tenía que tocar el suelo de la realidad
para saber que estaba ahí.
Mis pies sentían el cálido suelo.
Temblé al saber que alguien podría atajarme
y corrí más lejos, más rápido.
Ahora, me detengo, lejos del suelo.
Estaba más lejos que nunca antes.
Sentí mi cobardía, mi timidez. El miedo...
Giré y ahí estaba... mirándome.
Puse mis manos sobre el espejo y vi
que algo cálido y ferviente quería salir.
Recordé todo lo viejo y a ti, más que a nadie.
Lloré y sentí que debía hacerlo.
Abrí mis manos y dejé que saliera para que yo volviera a sonreir...