Corrí y antes que cerraran las puertas, estaba ahí. Justo!
Alcancé a acomodarme un poco antes que cerraran las puertas y el metro avanzó. La gente apretada, sudando, con caras de asustados... asustados de qué?
En el alta voz indicaban la siguiente parada, una que nunca antes habia escuchado. Bueno, no suelo utilizar este medio de transporte, era normal que no estuviera enterado del nombre de cada estación.
Intento hacerme algo de espacio para poder respirar. La presión en mis costillas se hacia insoportable a medida que avanzabamos por el tunel. ¿Cuándo llegaría la próxima estación?
Comencé a sudar.
Noté que aumentaba el calor. Insoportable! y las caras ya comenzaban a dar muestras de asco y cansancio.
El altavoz indica que sólo quedan unos minutos para llegar a destino. Me impaciento, las ansias me comen por bajarme pronto y salir de ese lugar que me apesta.
Podía sentir mi bolso pegado a mi pierna, lejos de mis brazos como para poder tocar si los documentos aun estaban vivos. Seguramente no, el sebo de la mujer que me presionaba los tendría deshechos, eso estaba más que claro.
Miré hacia todos lados. El tren iba demasiado lleno para la normalidad de los otros días.
Otros días voy atrasado, pero jamás tan repleto!. Ni alcancé a tomar desayuno, ¿o sí tomé?
Intenté recordar qué día era. No pude. Tampoco pude recordar cómo habia llegado a esa estación, ni tampoco en qué momento decidí subirme al tren... Ni los motivos de mi viaje...
¿Hacía dónde iba?
La voz indicó que en un minuto más llegaríamos a la estación terminal.
Supongo que ahí recordaré el porqué de mi viaje y en parte, me aliviaré de esta sensación de ahogo que siento.
Levante nuevamente la vista e intenté despegar mi brazo del sebo de aquella mujer, pero no lo sentía.
El calor cada vez era más insoportable y a medida que el tren se acercaba a destino, noté que nadie más sentía tanto alivio como yo por llegar a la próxima estación.
"Próxima estación, terminal. Todos deben descender"
El viaje, seguramente no fue tan largo, pero lo sentí de toda una vida. El calor, las nauseas, el olor...
¿Qué olor?
Ciertamente, el sudor... pero no sentía ningun olor.
Y el sudor... tampoco.
Mis ojos miraron rápidamente la salida. Estabamos llegando.
El miedo me invadió... ¿Dónde estabamos?
Las puertas se abrieron y fui empujado por la masa de gente que bajaba del único vagón que llegó a destino.
¿Dónde estaban los demás vagones?
¿Dónde estabamos?
Me aterré. Sentí miedo. La gente bajaba y bajaba y yo, me aferraba a la puerta del vagón
¿Miedo de qué?
Salía y salía gente del vagón... muchas personas y entre esas, yo... arrastrado por la corriente.
Comencé a gritar, me consumía el miedo, pero no sé de qué.
Traté de calmarme... y miré alrededor. La gente tranquila, pasiva, pero no se movía. Nadie caminó hacia ningún lado y quedamos apiñados en el andén.
El vagón se fue y quedamos ahí, barados hacia ningun lado.
Un silencio profundo llenó el espacio que sólo fue interrumpido por una voz conocida, que indicó, amablemente, que mi viaje había terminado.
[...]
silencio...